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Me llaman Octubre

Me llaman Octubre,
no pretendas saber más de mí.
Mejor no preguntes,
soy luna nueva fácil de partir.

No pierdas tu tiempo.
Obstinado en mantenerte como un viento a mi lado
yo te convertí en Noviembre,
así es mi calendario.
A veces pienso que es un don olvidar.



Me llaman Octubre desde que sólo hablo de ti,
y ya no hay más solución que esconderme.
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Nox

La noche se acerca. No una noche cualquiera, no. Se acerca una noche que promete ser, como poco, especial. Un grupo de amigos, música de la nuestra, bebida, arena y mar. Sentarnos en la playa a disfrutar y a pasar un buen rato. Nos meteremos en el agua, haremos el idiota y seguiremos riendo sin parar. Puede que nos miremos un par de veces, con una de esas miradas que pasan inadvertidas por todos, que se cruzan en un momento entre la multitud y después se desvanecen. Oh, ¿no te parece realmente especial? Piensa que después puede que nos dé por dar un paseo, por alejarnos de los demás. Puede que, con la tontería, diga esas dos palabras que llevan en mi cabeza más tiempo del que me gustaría admitir. Y puede, sólo puede, que tú digas algo parecido.

Fuego. Fuego y locura. Si tuviera que usar sólo una palabra para describir la noche que viene, la noche que quiero vivir, no sabría cuál elegir.

Lo único que sé es que va a ser perfecta.

O, por lo menos, lo sería si vinieras.
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Spot Movistar

"Hagamos un trato. Yo te llevo el desayuno a la cama. No digo una vez, ¿eh? Digo todos los días de mi vida. ¿Fútbol? Lo justo. Algún partidillo, poco más. Y te prometo que jamás tendré tripa. A cambio de eso no te pido nada, simplemente que estés conmigo. Ése es el trato."

¡Trato hecho!

Estoy por cambiarme de compañía solo por lo cuco que es el anuncio (L)
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(?)

Cuando la gente sabe cosas, las cosas de otra gente me afectan aún más de lo que deberían. Y quiero llorar, joder que si quiero. Ya sabía que tanta felicidad se iba a parar en seco, lo que no sabía era que se fuera a esfumar tan rápido. He tomado decisiones, y ahora me niego a hacer nada de lo que dije. Estoy asustada. Y parece ser que en estos momentos soy una chica asustada e invisible.

Yo me entiendo.
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Moonless

Arrastrar mi memoria por las calles de la ciudad me resulta más doloroso que haberme arrastrado a mí misma. Puede que no sea capaz de recordar mucho, pero hay cosas que no se olvidan aunque sean simples detalles.

Recuerdo tus ojos y quedarme en blanco.

Recuerdo tenerte delante y permanecer callada.

Recuerdo haberme despedido, y que te despidieras.
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I'm so lost, I don't care ~

Se me ha ido, se me ha escapado. No quería decirlo. Bueno, sí, pero no debería haberlo hecho. Tengo el cerebro desactivado. Creo que pronto perderé la poca cordura que me queda. Muy pronto.

¿Cuántas filosofías de vida distintas puedes encontrar aquí? Ni yo misma lo sé. Filosofías sobre saber esperar. Argumentos a favor de la determinación. Pero por mucho que escriba y me autoconvenza, yo soy como soy. Y hago las cosas como las hago. Me aterra pensar en lo que puede pasar. Me aterra pensar, en general.

No soy paciente. Pero tampoco soy decidida. No quiero esperar a ver qué pasa, pero tampoco quiero hacer algo yo y tener que comerme la reacción. Sinceramente, no sé qué me da más miedo. Oh, y soy una cobarde, eso sí que es verdad. Cobarde hasta la médula.

Me alegro de que me hayas desactivado el cerebro. Hacía mucho, pero mucho, que no se desactivaba así. Pero, si no te importa, ¿me lo reactivas? No soy nada más que esta cobarde sin mi lógica. Y la necesito si no quiero perderte. Y créeme, no quiero.
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Maximum

Idiooooooooooooooota.

He dicho.
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Primeras pinceladas

Éste es un relato en el que estoy trabajando desde hace un tiempo. Es el prólogo. La verdad es que me resulta un poco cortito, pero quería que sirviera como una breve introducción aunque sin desvelar mucho desde el principio. Seguramente pase por muchas modificaciones antes de que sea definitivo, pero me hacía ilusión dejarlo aquí. Y aquí está:



La joven se encontraba tumbada en un sofá raído, con los pies en alto y los oscuros rizos rozando el suelo. En sus labios revoloteaba una sonrisa, y sus ojos azules observaban fijamente las reacciones del hombre que se sentaba frente a ella. Con una mano sostenía una copa, y con la otra el mundo.

- ¿Tan segura estás de tu victoria, Belia?

Dirigió su mirada hacia el techo de frío mármol, y soltó un bufido, indignada.

- ¿Mi victoria? Creía que en esto estábamos los dos. Tú y yo, contra ella.

No había dicho su nombre, pero su sola mención hizo que el mayor se levantara como con un resorte de su asiento. Belia volvió a mirarlo. Contempló sus ojos ambarinos, sus labios, ahora fruncidos, su piel tan oscura como el tizón, igual que la suya, y su cabello, que le caía como una cascada de agua negra sobre los hombros, y terminaba un poco más abajo.

- ¿Acaso se te ha olvidado quién soy, niña?

La muchacha se levantó, dejó la copa sobre la mesa que había al lado del sofá y se acercó a él. Era tan susceptible a veces… Le dio un fugaz beso en los labios. Puso una mano sobre la oscura mejilla, y sonrió de nuevo. Notaba el calor corporal del hombre, tan elevado como el de sus hijos, en la palma. Él la cogió por la cintura, impasible.

- Por supuesto que no –susurró en un tono más que sugerente-. No se me olvida quién eres. Nada más y nada menos que un dios –dijo-. Pero parece que a ti sí se te olvida con quién estamos tratando. Alea –el hombre miró hacia otro lado al oír el nombre, pero ella lo ignoró- sabrá lo que planeamos. Tenemos que adelantarnos, Thanato. Estar preparados para cualquier cosa.

- Tenemos un ejército más que capaz –replicó él, volviendo a mirarla a los ojos-. No necesitamos ayuda de ninguno de sus hijos.

Belia suspiró. Llegaría a entenderlo cuando todo ocurriera. Y estaba segura de que ocurriría pronto, muy pronto. Sus ojos en la tierra nunca le mentían. Se soltó del abrazo del hombre, y volvió a tirarse sin ningún cuidado sobre el sofá. Alargó la mano, y recuperó su copa.

- Mis hijos son fuertes –siguió Thanato, mientras ella daba un largo trago-. Si conseguimos salir de aquí, sólo ellos serán más que suficiente.

- Nuestros hijos son fuertes –corrigió-, lo sé. Y nadie te pide que te quedes con los de ella cuando todo acabe. Esos humanos… Ya han demostrado más de una vez lo débiles que pueden llegar a ser. Pero también han demostrado que pueden ser corrompidos, y entonces útiles. Ellos nos sacarán de aquí.

Thanato gruñó. Belia sabía lo que pensaba en ese momento. Pensaba en Alea. Esa maldita zorra acuática, toda hermosura y bonitas palabras. Pero a la hora de la verdad, no tuvo ningún reparo en confinarlos allí, bajo un templo en ruinas, durante toda la eternidad. Y la eternidad era mucho tiempo. “Para preservar la vida de mis amados hijos, los de carne y los de agua”, dijo. Ella era de carne y fuego, aunque sus ojos dijeran lo contrario. Pero era su hija. ¿Acaso ella no era una hija más? ¿No se merecía seguir en la superficie? Le parecía injusto y desproporcionado. Para ser una cárcel, contaba con todo tipo de comodidades, y sus necesidades estaban más que cubiertas. Pero seguía siendo una cárcel. Llevaban más de setecientos años sin ver la luz del sol. Y, si fuera por la amable diosa de la bondad, pasarían allí otros setecientos. Afortunadamente, se iba a hacer justicia.

Tras un breve silencio, Thanato habló.

- Te pareces demasiado a mi hermana, tratando con humanos. Cuando Antiguo murió y su querido caballero nos confinó, tu madre les confió el mundo. ¿Y cómo se lo han agradecido? Con el olvido.

- Se lo tiene bien merecido.

El golpe resonó por toda la estancia, y aún le dolía la mejilla cuando el otro dios olvidado volvió a hablar. Los ojos del hombre se mantuvieron impasibles.

- Te dejas llevar con facilidad por el rencor. Eres tan débil como cualquier humano, Belia.

Ante ese insulto, Belia se levantó, y se dirigió hacia la puerta de la estancia. Su vestido largo y vaporoso ondeaba tras ella. Tiró contra la pared la copa que llevaba, que se quebró derramando su contenido. La risa de Thanato avivó la rabia que sentía.

- Totalmente innecesario.

- Tanto como tus palabras.

Sus tacones sonaban con fuerza cuando salió de allí. “Débil, ¿verdad? Ya veremos qué tienes que decir cuando la débil saque tu divino culo de este agujero”.

Bajo el templo y diseñado especialmente para su confinamiento, Alea había creado algo a medio camino entre una caverna y un palacio. Las columnas de mármol se erigían mirara donde mirase, y los suelos resplandecían cubiertos con el mismo frío material, igual que las altas y largas paredes. Sin embargo, carecían de los ventanales que le corresponderían. Había miles de pasillos y habitaciones que hacían de ese lugar un laberinto para los más despistados. No sería la primera vez que Belia se encontraba con uno de sus hijos tras haber estado desaparecido durante días.

Pero, sin duda alguna, lo peor de estar ahí abajo era que no había ninguna chimenea, ninguna fogata, ni posibilidad de hacerla. El fuego estaba prohibido en esa cárcel. Y no era que Thanato, Belia o alguno de sus infernos necesitara calor. Pero sí necesitaban el fuego. La oscuridad los hacía vulnerables. El fuego les daba la vida. Habían intentado de todo, pero cualquier atisbo de chispa desaparecía con la misma rapidez con la que había aparecido. Estaban condenados a vivir entre sombras, a ser parte de las sombras. “Pronto acabará”, se repitió una vez más.

Se paró de golpe a sentir la llamada de sus otros ojos. Qella pedía su presencia en su mente. Eso sólo podía significar una cosa: la tenía. Cerró sus ojos azules, aquellos que la delataban como hija del agua, y lejos, muy lejos del templo, abrió sus ojos ambarinos.

Si el sol había brillado en lo alto aquel día, no había dejado ni rastro de su calor. Esa noche soplaba un viento frío que mecía con suavidad las copas de los árboles y la hierba a su alrededor. Belia podía sentir el contraste de temperaturas dentro de ese cuerpo ajeno. Cuando Qella se habituó a su intrusión, algo que no le llevó mucho tiempo, comenzó a narrar lo acontecido.

“Es nuestra –empezó a sonar en la mente que ambas compartían-. Sabe que nos estamos moviendo, y sabe cuál es la única manera de detenernos. No quería llegar a eso, pero va a hacerlo. Lo hará lo más lejos posible de vuestro templo.”

“¿Y van a colaborar los humanos? – Preguntó Belia-. ¿Son de fiar?”

“No son de fiar, pero van a colaborar. Los seis, con tal de que luego se les recompense.”

“¿Seis? –incluso siendo tan sólo un pensamiento se notaba su irritación-. ¿Qué ha pasado con el séptimo, Qella?”

“Está en camino –se apresuró a contestar-. La mujer hace lo que puede, pero no es fácil con el gran señor cerca. Además, tiene que ocuparse de mantener las apariencias.”

“No la justifiques. En fin, tendrá que ser suficiente, por ahora. Vigila los pasos de mi querida madre, y avísame en cuanto haya ocurrido.”

Cuando volvió a su propio cuerpo, algo aturdida y mareada, Thanato la observaba en silencio, de pie frente a ella. Se sobresaltó al verlo, pero se recompuso en seguida. El hombre dirigió su vista al busto de la mujer, y ella hizo lo mismo. Se encontró con que el dios se había divertido en su ausencia quitándole el vestido que llevaba, y que ahora yacía sin gracia a sus pies. Levantó la mirada para encontrarse con esos ojos ambarinos, llenos de vida.

- Eres un cerdo pervertido.

- Como si no te gustara.

Y con esa respuesta la estrechó entre sus brazos y empezó a besarle por el cuello bruscamente. Belia intentó soltarse al principio, pero después se dejó hacer. Soltó una risa ligera, y se limitó a abrazarse al cuello de Thanato.

- ¿No quieres saber lo que me ha contado Qella?

- Ya lo sé –dijo, sin detenerse en su afanada tarea, y comenzó a descender hacia uno de sus pechos.

- Oh, por supuesto –contestó, y le cogió por la barbilla para detenerlo. Realmente si él no hubiera querido detenerse no habría parado, pero esta vez obedeció, y levantó la cabeza-. Eres un cotilla. No está bien hurgar en mentes ajenas –“si no tienes permiso”.

- Lo que no sé –dijo, ignorando sus palabras, y la abrazó con fuerza- es dónde será esta vez.

- No te preocupes por eso, padre. Nos enteraremos –contestó, y se fundieron en un apasionado beso.



¿Qué tal, eh, eh? :3
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Conversation

- Odio estar así de indecisa... Debería cogerle por banda y plantarle un buen morreo, a ver qué me dice.

- Yo creo que es lo que deberías hacer. Arrepiéntete de lo que hiciste y no te lamentes de no haberlo hecho. Es que si no da el primer paso, ¿qué?

- Ay, no sé. Pero para dar yo el primer paso necesito a) verlo muy claro, o b) estar borracha. Y ni lo veo claro ni quiero beber para esto.

- Entonces sólo te queda esperar.
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Pocilgas varias

Déjalo, es suficiente. Me importa muy poco que vayas de bueno, que intentes quedar por encima de los demás a base de lágrimas y que, lo peor de todo, te creas tus propias mentiras. Pero me pone enferma ver cómo intentas llamar la atención poniendo estados dramáticos y escribiendo textos cada vez más cargados de autocompasión. Dejaste de hablarme por haber seguido con mi vida, cuanto tú ya habías intentado rehacer la tuya apenas unos días antes. Y luego te veo por la calle y ni siquiera eres capaz de saludar, ni de hacer el amago, ni de tan siquiera mirarme. He tratado de entenderlo. Pero tus razonamientos no son más que humo y espejitos. Y al final todo sale a la luz. Y tú eres tan egoísta como todos. Aquí santo no hay nadie. Sólo eres un cerdo más, uno que manipula la verdad a su puñetero antojo.

Me mentiste a la puta cara. No creas que voy a cumplir con mi palabra, y a estar ahí cuando te dé la real gana de volver, porque tu palabra vale una mierda. Y yo no me relaciono con mierdas.
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Ay

Iría, sin dudarlo. Propónmelo, lo estoy deseando. No esperes que yo mueva un dedo. Ya lo hice, y mira cómo salió. ¿Quieres que me preocupe con cada silencio, que vaya detrás de ti como un perrito faldero? Seré perra, aunque no tenga falda que seguir. Pero, por si te lo has planteado, por si con tanto cambio has dudado: sí, para mi desgracia, sigo aquí.
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¿Y ahora...?

Sí, teniendo en cuenta las firmes bases de mi hedonismo, no debería afectarme. Debería ser natural conseguir mis propios propósitos sin precuparme por nada incluso cuando no están definidos. Estar por estar, divertirme estando y cuando no, dejar de estar. Pero, para mi desgracia, me afecta.

Una vez más, el miedo. Y, como es costumbre, no sé a qué. ¿A parar, a seguir? Mirar hacia atrás o hacia delante sólo hace que se acentúe mi nerviosismo. No puedo estarme quieta, ni puedo seguir caminando. No puedo dejar las cosas como están, pero ¿qué podría hacer? Todo parecía tan fácil. Y lo parece a veces. Tan simple como respirar. Otras, en cambio, me ahogo en mí misma.

Puede que me esté complicando la existencia.

Debería pararme a pensar.

O mejor: que alguien decida por mí.
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Comprando pensamientos

Te aseguro que ahora mismo volvería a hacerlo. Sí, lo volvería a hacer. Me dejaría llevar por esos recuerdos, joder, si es que son perfectos. No sé si el tiempo los ha mejorado o si realmente eran tan buenos, pero si no son perfectos, poco les falta. Poco le faltaba para que fuera perfecto. Volvería a intentarlo, ahora, con la seguridad que me da el alcohol que llevo en vena, lo haría. Lo he dicho hoy, aunque tú nunca llegarás a enterarte, que tú para mí eres... Iba a escribir lo más importante, pero sería pasarse. Fuiste lo más importante. Sí, eso es cierto. Ahora eres importante. Y nunca dejarás de serlo.

Tengo mil historias empezadas. Resulta increíble que piense ahora en la tuya. Pero para ti siempre habrá un hueco, siempre. Qué balada más triste.
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¿Shiwa?

Es increíble de lo que da cuenta uno. Que, por estas fechas, el año pasado estaba más o menos igual. Bueno, no voy a exagerar, estaba mucho peor, pero en esencia... No, si lo piensas detenidamente, no es lo mismo. Quiero decir, ahora no me afecta, en parte porque ya he vivido tantas veces el concepto "¿para qué dos pudiendo ser tres?" en el que yo me metía a la fuerza, o en el que me metían, que resultaría ridículo que me siguiera afectando. Y ahora, ahora que debería sentirme igual que antes, miro atrás y veo que no es para tanto, ni lo es ni lo fue. Si es lo mismo que se repite, una y otra vez, si ya lo he vivido y ya lo he superado, esta vez no será distinto. Esta vez lo llevo bien, y estoy a gusto en este estado. Será por eso de lo malo conocido.

Sí, resulta impensable que sea lo mismo, aunque al mismo tiempo lo sea. Pero este otro caso, al margen de cómo lo pasé en los demás, que no fueron uno ni dos, no sé, no me tiene devorada por dentro. Es la diferencia en el sentimiento. Tal vez estuviera en lo cierto, y ya no sé sentir. Si es así, resultaría un alivio. Sí, un alivio.

Dejando constancia de mi descubrimiento en el único lugar donde me permito estas pinceladas melodramáticas.
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Declaración de principios

Dejar de hacer el gilipollas no me vendría mal.
Que hundirme en la mierda va a terminar siendo deporte nacional.
Qué vicio que tenemos, madre. Qué puto vicio.
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Escribir, escribiría, pero...

Que no me apetece. Bueno, sí, pero, ¿para qué? Ña, qué desgana desganosa...

Mini-época de sequía intensa y temporal.

Sed felices dentro de la moralidad vigente :3
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JODER

Cálmate, nena, se te va a salir el corazón por la boca.
Y eso tiene pinta de ser desagradable.



Grita
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Mi amore vole fe

Tras la caída, siempre oculta y sonriente, siempre ausente.
Y ahora ya llega, ya llega. La de verdad, que merece la pena.
Arriba, arriba. No podría ser de otra manera, ¿no?
There ain't no other way
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Here I go again

Danger

It is me
again
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Retornando

Que me apetece, que me apetece... Que me apetece volver aquí, leñes. ¿Qué podría hacer yo con esto para que no volviera a decaer? Ah, sí, ya sé. Utilizarlo como propio, mío, único y exclusivo, intransferible e indomable. Y mío, por si no queda claro. Mis ideas & me. Se va a empezar a considerar el ajo dentro de la dieta básica.



Just love yourself and you're set
I'm on the right track, baby
I was born this way
Que me apetecía volver. Y vuelvo. Já, qué fácil ha sido.
There ain't no other way
Baby, I was born this way
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